Cuando Dios te lleva al borde del acantilado,
confia en Él plenamente y dejate llevar.
Sólo 1 de 2 cosas va a suceder:
O Él te sostiene cuando te caigas.
Ó te va a enseñar a volar.
Hace unos días llegó a mí esta frase haciéndome pensar en muchas cosas que he pasado últimamente. Sé que como yo, tú también has experimentado la sensación de estar al borde del abismo. ¿Que esto es algo agradable? ¡De ninguna manera! Pero finalmente estoy descubriendo que estas experiencias me están brindando una nueva perspectiva para enfrentar los retos del hoy. Para algunas personas, estos momentos son la ocasión para auto-compadecerse, resignarse ó resentirse, sin embargo, yo he escogido otra opción que comparto en esta nota contigo.
Tu apreciación de las circunstancias dependerá de cómo tú te ves a ti mismo dentro del problema. Puede que te sientas derrotado, ¿pero en realidad lo estás? A lo mejor te encuentras abrumado sobremanera, ¿pero acaso no es solo un espejismo de tus emociones? De tu capacidad para distinguir cuál es el origen de tu percepción, dependerá tul aplomo para anclarte en la realidad: La verdad de Dios. A medida que identifiques aquellos pensamientos y sentimientos que buscan intimidarte, y te atrevas a mudarlos definitivamente de tu corazón, comprobarás la claridad en tu pespectiva para permanecer en fe, sostenido como viendo al invisible.
Yo no te estoy invitando a que te esfuerces por cambiar tu manera de pensar ni a que hagas algo para auto-sugestionarte positivamente. ¡Solo Dios puede transformar tu visión cuando tú se lo permites! Te estoy compartiendo cómo en medio de mis temores, estoy aprendiendo a moverme de la incertidumbre a la confianza absoluta en Dios. Cada vez que en medio de la tormenta escojo que Su verdad sea el elemento de peso en mi vida, y veo a mi Padre como el único y absoluto responsable de mi vida, puedo confiar plenamente y tener total seguridad. ¿A qué mensaje ó qué palabras estás dándole valor en tu corazón hoy? ¡Cuidado porque estas ideas gobernarán tu existencia!
Al filo del precipicio, cuando las cosas se salen de nuestra comprensión y nos cuesta trabajo entender porqué ocurren de tal o cual forma, Dios prometió: No que nos daría una explicación lógica de lo acontecido, pero SÍ dijo que nos llenaría de su paz. Él se ha comprometido a guardarte en lo más profundo de tu ser, para que permanezcas de una pieza, a pesar de lo que esté rodeándote. Cede a tus preguntas incesantes del "Porqué" y atrévete a dialogar con Dios el "Para qué" de tu situación. Entrégale tus preocupaciones, tus inquietudes, tus aflicciones, tus interrogantes y Su paz te inundará por completo. ¡Dios te ha llamado hijo y anhela que puedas comprobarlo!
Ahora, encontrarme al borde del abismo tiene otro sentido para mí. Ya no es sinónimo de temor, sino de una tremenda expectación; una escuela en la que cada nivel, me permite palpar personalmente que pase lo que pase, mi Padre Celestial jamás me abandonará y solo ratificará vez tras vez, que ¡SOY SU HIJA!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario